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El lado oscuro de las buenas causas

Yulia Dibrovska Chorna

Los radicalismos surgen de ideas buenas

Las personas buscan el bien, para ellos, para sus familias, amigos y la sociedad en general. Lo malo es que incluso las mejores ideas pueden convertirse en el mal absoluto si son adoptadas por personas radicales. 

Las buenas ideas tienen el poder de transformar sociedades, impulsar el progreso y mejorar la vida de millones de personas. Sin embargo, a lo largo de la historia hemos visto cómo algunas de ellas, en el proceso de consolidarse, han derivado en movimientos extremos que han causado daño en lugar de bienestar. Esto ocurre cuando los ideales se llevan al extremo, perdiendo su esencia original y convirtiéndose en fuerzas destructivas.

Nadie votó a Hitler pensando en que sería un asesino de masas. Lo que votaban los alemanes era la idea que se les vendió de volver a vivir en un país próspero, sentir el orgullo por formar parte de la nación después de la humillación de la Primera Guerra Mundial. Lo que comenzó como una promesa de recuperación nacional terminó convirtiéndose en un régimen totalitario basado en la violencia, la persecución y el genocidio.

Si seguimos mirando los ejemplos que nos ha dejado la historia de la humanidad, encontramos otro ejemplo claro: la Revolución Francesa. Comenzó con ideales de libertad, igualdad y fraternidad, pero terminó en el Reinado del Terror, donde miles de personas fueron ejecutadas en nombre de la justicia revolucionaria. Lo que inicialmente buscaba derrocar la tiranía de la monarquía se convirtió en un régimen de persecución y violencia indiscriminada.

Otro caso es el comunismo en el siglo XX. Karl Marx planteó una visión de justicia social y equidad económica, pero cuando sus ideas fueron aplicadas de manera extrema en regímenes como la Unión Soviética o la China de Mao, se tradujeron en dictaduras que restringieron libertades, promovieron la represión política y causaron millones de muertes en hambrunas y purgas. Lo que comenzó como un movimiento por la igualdad terminó oprimiendo a las mismas clases trabajadoras que pretendía defender.

Incluso en el ámbito religioso encontramos ejemplos. El cristianismo, nacido como un mensaje de amor y compasión, dio lugar en ciertos momentos de la historia a episodios oscuros como la Inquisición, donde la iglesia católica persiguió, torturó y ejecutó a quienes eran considerados herejes. En lugar de difundir su mensaje a través del diálogo y la enseñanza, esta rama de la iglesia cristiana impuso su visión mediante el miedo y la violencia.

Estos ejemplos muestran que cuando un movimiento se radicaliza y deja de lado la reflexión y el respeto por otras perspectivas, puede terminar traicionando sus propios ideales. La línea entre la defensa de una causa justa y la imposición de una ideología extrema es delgada, y la historia nos demuestra que cruzarla puede llevar a consecuencias devastadoras.

El lado oscuro de las ideas actuales

“Quien no conoce su historia está condenado a repetirla.” ¿Es posible que en una era marcada por la tecnología y el mayor acceso a la información de todos los tiempos corramos el peligro de ver surgir los radicalismos de las ideas actuales?

Ya podemos ver cómo algunos movimientos se tornan oscuros según quién empuñe la “espada de la verdad” y ocasionan más daño a las personas que clamaban proteger. 

El feminismo radical. 

El feminismo ha sido clave para lograr avances en igualdad de género. Durante siglos las mujeres han luchado por poder acceder a la educación, formación profesional y sectores de trabajo antaño restringidos a los hombres. Lo que vemos en la actualidad en muchos círculos se está transformando en un discurso de confrontación en lugar de inclusión. Se pasa de la lucha por derechos a la demonización del hombre, promoviendo la idea de que todos los problemas de las mujeres se deben exclusivamente al patriarcado. En casos extremos, se justifica la censura, la segregación de espacios y hasta la violencia simbólica o real contra los hombres.

Se ha pasado de la idea positiva de la mujer como un ser único que tiene voz propia y debe luchar por sus sueños, a la imagen negativa del hombre como el “enemigo común”. Igual que hizo Hitler con los judíos en el siglo pasado, culpándolos de ser un mal en la sociedad alemana y en el mundo en general. 

El ecologismo extremo. 

El movimiento ambientalista ha logrado generar conciencia sobre el cambio climático y la importancia de cuidar el planeta. Es nuestro hogar común y jamás ha sido tan condicionado por la actividad humana como lo es ahora. Cada vez somos más conscientes sobre la importancia de reciclar los residuos, usar químicos más respetuosos con el planeta y cambiar nuestros hábitos poco ecológicos. 

Sin embargo, hay sectores que promueven medidas drásticas sin considerar su impacto en la sociedad. Algunos grupos defienden la eliminación total de la industria ganadera o petrolera de forma inmediata, sin transiciones sostenibles, lo que podría provocar crisis económicas y sociales. También han surgido acciones de protesta radicales, como bloquear carreteras o dañar obras de arte en museos, que generan rechazo en la población en lugar de concienciación. 

Una buena causa llevada a cabo por personas radicales condena a la idea y tacha de radicales a todos los que la promuevan, incluso desde el respeto y con argumentos sólidos. 

La sociedad de la cancelación y el pensamiento único. 

La lucha por la inclusión y la diversidad ha sido fundamental para visibilizar y corregir injusticias por razón de género, orientación sexual, nacionalidad, etc. No obstante, cada vez más vemos cómo se censura cualquier cuestionamiento de lo que se promueve muchas veces por intereses políticos ocultos. Los medios de comunicación son cada vez más homogeneizados y a las personas que buscan mostrar el otro lado de la historia se le censura y se le priva de su derecho a expresión. Si vamos al mundo digital es aún más visible. La cultura de la cancelación se ha convertido en una herramienta de censura y linchamiento digital. En lugar de educar y debatir, se busca destruir la reputación de personas por errores del pasado o por expresar opiniones impopulares. Esto genera un ambiente de miedo y autocensura que va en contra de la libertad de expresión.

Salud y alimentación extremas

Frente a consumos cada vez menos sanos y una alimentación altamente ultraprocesada, las campañas y luchas de tantas asociaciones y organismos por dar visibilidad a una mejor alimentación han educado a muchas personas en temas de salud. 

La otra cara de esta moneda, mucho menos amable, son los movimientos radicales como el veganismo extremo, que quieren criminalizar a quienes consumen comida de procedencia animal. Pero este movimiento va más allá del consumo de alimentos de origen animal, defienden además los ataques a trabajadores del sector ganadero, (incluyendo vandalismo en granjas y amenazas personales), critican a quienes adoptan mascotas, argumentando que la tenencia de animales es una forma de esclavitud y se han difundido dietas veganas restrictivas que pueden ser peligrosas, especialmente para niños y mujeres embarazadas. Uno de los casos más sonados fue el de una pareja en Australia que fue condenada en 2019 porque alimentaban a su bebé con una dieta vegana deficiente, lo que resultó en desnutrición severa y problemas de desarrollo.

Mientras que el culto al fitness ha alimentado otro tipo de trastornos e incluso la creación de sectas fitness donde las personas han abandonado sus trabajos, a sus familias por las indicaciones de sus gurús para poder alejarse de la influencia de otras personas, levantarse a las 5 de la mañana y hacer ejercicio. 

Como ves, el pensamiento crítico es más necesario que nunca frente a esta sociedad de la información que informa a la vez que manipula y confunde. 

Incluso las ideas más positivas pueden convertirse en una auténtica pesadilla si se llevan a cabo por los medios equivocados y por personas que no se detienen ante nada para conseguirla. 

¿Qué ideas buenas has visto convertidas en un peligro? ¿Crees que somos más vulnerables que nunca frente a los radicalismos?

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